Tratamiento antirretroviral: lo que viene
DOI:
https://doi.org/10.52226/vr0x0w90Palabras clave:
HIV, tratamientoResumen
La mayoría de las personas que viven con el virus del VIH y acceden y adhieren al tratamiento antirretroviral (TAR) oral pueden gozar de una esperanza de vida normal. Sin embargo, el estigma (el recordatorio diario de su condición y el miedo a revelarla), el olvido y la incomodidad de tomar pastillas a diario siguen siendo barreras para el éxito del TAR en algunas personas (1). Existe un gran interés por las modalidades de tratamiento de acción prolongada, y en 2021 se autorizó el uso del primer régimen completo de inyecciones intramusculares de acción prolongada (cada dos meses) para personas con supresión viral. El mismo se compone de un nuevo inhibidor de la transferencia de cadenas de la integrasa (INSTI) llamado cabotegravir y rilpivirina, un inhibidor no nucleósido de la transcriptasa inversa (INNTI). Las personas que lo toman lo prefieren al tratamiento oral diario, con altos índices de satisfacción y bajas tasas de abandono. Se ha demostrado que la eficacia es similar a la del tratamiento antirretroviral oral diario, tanto en ensayos clínicos como en la práctica clínica. No obstante, la barrera genética a la resistencia es menor y, cuando se produce un fallo virológico, es muy común la resistencia a una o a ambas clases de fármacos (2). Administrar inyecciones cada dos meses requiere mucho trabajo por parte de los profesionales de la salud y la aceptación no ha sido tan alta como se esperaba, principalmente porque no se presenta como una opción universal. Los datos sobre el uso fuera de lo indicado en personas que no presentan supresión viral son limitados.
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