Brotes recientes de fiebres tifoidea y paratifoidea en la Argentina: un desafío para la vigilancia, control y prevención
DOI:
https://doi.org/10.52226/revista.v33i118.393Palabras clave:
fiebre tifoidea, fiebre paratifoideaResumen
Las fiebres tifoidea y paratifoidea son enfermedades bacterianas invasivas causadas por serovariedades de Salmonella que afectan solo al hombre como Salmonella Typhi y Salmonella Paratyphi A, B[1] y C. Tras un período de incubación de 6 a 30 días (1 a 3 semanas para fiebre tifoidea y 10 a 15 días para paratifoidea), la enfermedad se presenta de forma insidiosa con la aparición gradual de fiebre, fatiga, anorexia, cefalea, malestar general y síntomas abdominales. Si el tratamiento se retrasa o es inadecuado, puede producir meningitis, sepsis o perforación intestinal y hasta la muerte (1).
El estado de portador puede seguir a la enfermedad aguda o leve, o incluso a la infección subclínica, que continuarán excretando la bacteria tras la resolución de los síntomas. La infección previa confiere inmunidad parcial.
Se verifica un aumento de la resistencia a los antimicrobianos en diferentes regiones del mundo (2). En nuestro país se determinó una disminución de la sensibilidad a ciprofloxacina en aislamientos de S. Paratyphi B de 2021 a 2023. No se registraron aún aislamientos resistentes en los casos de S. Typhi.
La transmisión se produce principalmente por vía fecal-oral, mediante el consumo de alimentos o agua contaminados con las heces de un portador. La portación crónica cumple un papel en la transmisión en países no endémicos, aportando el patógeno al ambiente. Se ha registrado en raras ocasiones transmisión de persona a persona, principalmente asociada hombres que tienen sexo con hombres (3).
- tifoidales pueden persistir en el ambiente durante un período prolongado si las condiciones de control y saneamiento son ineficientes, generando un nicho ambiental, potencial fuente de brotes (por ejemplo, a partir de cultivos de frutas y verduras contaminados con aguas residuales).
Para 2021, la tasa ajustada global de incidencia para fiebres tifoidea y paratifoidea se calculó en 127,77 casos cada 100.000 habitantes y la de mortalidad en 1,5. Si bien la tendencia global es al descenso, la distribución es muy desigual, registrándose las incidencias más altas en el sur de Asia (379,64), Oceanía (293,05), sudeste asiático (151,55), África subsahariana occidental (109,27) y oriental (117,84), donde estas enfermedades son endémicas; mientras que en países de índice sociodemográfico alto las tasas de incidencia se calcularon en 1,54 y las de mortalidad en 0,01 (1).
En 2018, la OMS recomendó priorizar la introducción de la vacuna contra la fiebre tifoidea en los países con mayor carga de fiebre tifoidea o de S. Typhi resistente a los antimicrobianos. También recomendó la vacunación en viajeros a zonas endémicas y su uso para el control de brotes, aunque los datos sobre este uso son aún muy limitados (4).
En las regiones no endémicas, el diagnóstico y tratamiento oportunos y la vigilancia epidemiológica son las medidas para prevenir la transmisión, en el marco del acceso de la población a condiciones de agua, higiene y saneamiento adecuadas.
El creciente flujo de viajeros desde y hacia zonas endémicas y el aumento de las temperaturas han incrementado el riesgo de infecciones importadas por Salmonella tifoidales en países no endémicos.
En la Argentina, los casos de S. Typhi y S. Paratyphi fueron históricamente esporádicos y asociados a viajes a regiones endémicas. No obstante, se registraron en los últimos años dos situaciones que muestran el potencial riesgo de diseminación en determinadas condiciones.
Por una parte, en 2018 se registró la emergencia de casos de la serovariedad S. Paratyphi B, en Salta. Cerca de 130 casos se notificaron en la provincia ese año, llegando a unos 2000 notificados en promedio entre 2021 y 2023. Luego de varios años de investigación, la provincia implementó la estrategia denominada Cordón Sanitario Subcuenca Río Arias-Arenales, basada en la vigilancia epidemiológica intensificada multidisciplinaria e interinstitucional de eventos potencialmente asociados con el agua del río y vinculados a la planta depuradora de líquidos cloacales potencialmente contaminantes. A partir de 2024 los casos registrados disminuyeron significativamente y en 2025 se registran casos esporádicos en un número muy inferior al habitual (5).
La otra situación a destacar es el conglomerado de casos de fiebre tifoidea identificado en marzo de 2025 en un municipio del conurbano bonaerense. La investigación inmediata del mismo permitió advertir que todos los pacientes tenían domicilio en dos edificios contiguos, y se identificó como la fuente común de infección el agua de consumo proveniente de agua de pozo, confirmando la relación epidemiológica de los aislamientos por secuenciación genómica en el Laboratorio Nacional de Referencia. Las acciones de provisión de agua segura, verificación y remediación de la infraestructura sanitaria de los edificios permitieron controlar el brote de fuente común en el que se detectaron 47 casos sospechosos vinculados, 27 de los cuales fueron confirmados por laboratorio entre marzo y mayo (5). Este brote permitió sensibilizar al personal de salud para la detección de casos y optimizar el circuito de atención y diagnóstico en los establecimientos de salud en el área afectada. Dado que el riesgo de casos esporádicos o brotes limitados a partir de portadores crónicos se sostiene, continúa hasta la actualidad la vigilancia y seguimiento de casos y contactos.
Ambas situaciones destacan la importancia de contar con un sistema de vigilancia sensible para la sospecha clínico-epidemiológica y capaz de orientar las medidas de investigación y control de forma oportuna. Las fiebres tifoidea y paratifoidea pueden ser difícil de distinguir de otras patologías con una clínica similar y pueden ser subdiagnosticadas. Por ello es importante el acceso al diagnóstico microbiológico específico a partir de hemo y coprocultivo, tanto para la implementación del tratamiento adecuado como para la efectiva notificación de los casos, que permita una investigación epidemiológica de campo oportuna y las consecuentes acciones de control.
Asimismo, es indispensable destacar las acciones multisectoriales e interdisciplinarias que son necesarias para garantizar el acceso al agua segura al saneamiento y a la higiene como pilares no solo de la prevención de las enfermedades transmitidas por alimentos, sino de la dignidad y el bienestar humanos (6).
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